Otros Estadios del Club A. Platense

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Plaza Japonesa

Los primeros desafios se realizan utilizando para jugar los terrenos de la entonces Plaza Japonesa (luego Parque Japones), en especial con su rival de zona: Sportivo Balcarce.  Los terrenos eran múy bajos y fácilmente se convertían en una verdadera ciénaga. Los muchachos se esforzaban no solo por emparejar lo posible el campo, dotarlo de arcos, delimitar las lineas de juego, sino por tener la pava lista para el clasico te de entretiempo o las naranjas obsequio al final del partido. Ademas se hicieron verdaderos técnicos del juego en cancha pesada y eran unos "barreros" extraordinarios. Difícilmente podía ganárseles cuando la cancha estaba fangosa. Ellos eran los dueños de casa y los ases del barro. Cubiertos de lodo, desde los pies a la cabeza, fueron bautizados por la "hinchada" con el apodo de "Los calamares", y en cierta oportunidad en que un cuadro adversario tuvo la suerte de ganarles en su propia cancha, los cronistas de fútbol, a grandes títulos, escribieron: "Los calamares murieron ayer en su propia tinta".
Los exitos de esos primeros partidos los alentaron a inscribirse en torneos de ligas independientes, ganando los de la Liga Central, dirigida por Erico Stanger y la Copa Wellington, siendo segundos en la Liga Eureka y en la Sportiva Nacional.

La dirección de Parques y Jardines de la Municipalidad de la Capital hizo a Platense esta concesión de carácter precario. En esa cancha, de terrenos bajos también, continuó por varios años la tradición "barrera" de "Los calamares en su tinta". En aquella cancha construyó la primera casilla de vestuario el veterano jugador del club, Germán Guassoni, que empleó en la obra viejos cajones de automóviles.

Entre los dirigentes que en esa época más hicieron por mantener el prestigio del club, cabe recordar a Fiorito, Gianoli, Meraggia, Aranda y los hermanos Moyano y Garbagnati. Para poder pagar la inscripción en la segunda división de la Angentina Foot-ball Asociation, el socio José Aranda dio parte de su sueldo, pues el "inglés" Williams, de la citada asociación, exigió el pago con apremio.
Cuando hace asumió la presidencia del club Archivaldo F. Goodfeloow, completaban la comisión directiva: Gregorio Calicchio, Carlos F. García, Martin Alvaez, Castro Pérez y Raúl P. Martinetti. A partir de entonces Platense adquirió el impulso necesario que habia dé colocarlo en la primera fila de las instituciones deportivas del pais.


Blandengues y Libertador

En 1907 Carlos Garbagnati gestiono y obtuvo la concesion precaria de un amplio predio sito en Manuela Pedraza y Blandengues (hoy Avenida del Libertador), terrenos de un bajo inundable con frecuencia que los obligaba al trabajo de rellenarlo. la famosa casilla o vestuarios se armo gracias a que siendo el padre de Guassone constructor de obras se resolvio expeditivamente cargar los materiales necesarios para su armado en chatas propiedad del señor J. Colombo. El 25 de Agosto de 1908 con tres años de vida, Platense inaugura su nueva cancha en un partido frente a Salguero empatando 3 a 3.

blandengues en  1923

Tribuna oficial del estadio de Platense en Pedraza y Blandengues, inaugurada en 1923.

En Pedraza y Blandengues se jugaron 67 partidos, se ganaron 48, se empataron 9 y seperdieron 10, el primer partido fue el 5 de Mayo de 1910 y el ultimo fue el 13 de mayo de 1917 donde se vence a Gimnasia y Esgrima de Bs. As. con gol de Fraga. El maximo goleador fue Miguel Balmaceda con 1 goles.


Manuela Pedraza y Cramer

En 1917 habia que dejar Blandengues. Era un imperativo mezcla de las mencionadas condiciones del terreno y de la sucesion de exitos deportivos que hacian necesario un campo mas amplio, mejor ubicado y con mayores comodidades. Figura pionera de esta mudanza historica fue el mencionado Goodfellow, el hombre que asumio mas tiernpo la presidencia del Club, que llevo adelante sus planes pese a algunas criticas que entendian a su conduccion como demasiado personal. Conto con la colaboracion estrecha de Gregorio Callichio, Carlos Garcia, Casto Perez y Martfn Alvarez entre otros. La fraccion en el entonces casi desolado contorno barrial de Manuela Pedraza y Cramer, fue arrendado por su propietario, el Dr. Carlos Delcasse, al Club con las garantias personales del presidente y del señor Salvador Anbouxiec. En varias oportunidades Platense intento adquirirlos, pero no pudo: problemas de dinero y la falta de un titulo de propiedad de los terrenos se lo impidieron.

Los trabajos para dejar la cancha en condiciones hizo que los nueve primeros partidos los jugara Platense de visitante, con resultados que no guardaban ninguna relacion con la excelente campaña anterior. Contra viento y marea Goodfeloow llevó las cabo las mejoras, mandó arreglar los terrenos para la nueva cancha y comenzó la construcción del modesto estadio. Todo esto trajo contra el "dictador" una situación tirante y peligrosa que hizo crisis en 1921, fecha en que por pocos votos triunfó en las elecciones de comisión directiva la tendencia del doctor Ressio; pero ello, según parece, debióse a una estratagema electoral, pues la mayoría seguía a Goodfeloow; mayoría que se reunió en los salones de la sucursal de "La Prensa" en la calle Cabildo, resolviendo apoderarse del club por la fuerza, destituir a Ressio y sus colegas de comisión y reasumir el mando de la institución.
Fueron actores de este episodio,con mandato imperativo de la asamblea realizada en la sucursal de "La Prensa": Juan F. Ibarra, Raúl P. Martinetti y Pedro Cossitorlo. La misión fué cumplida y el club volvió a manos de Goodfeloow y sus adictos, pero los otros no se conformaron, y con el mismo nombre fundaron otro club que tuvo unn vida efímera, pues los valores de la institución estaban sin duda entre los que seguían a Goodfeloow. Tal ha sido la vida llena de zozobras de esta institución de cuyo seno han salido grandes jugadores que integraron cuadros de Roca y otros clubs, y que en el extranjero han levantado bien alto el nombre del fútbol argentino.

Y asi llego el 9 de julio, en que se procedio a su inauguracion oficial en una jornada donde jugaron como preliminar un combinado de inferiores de Platense con Porteños de Zarate, ganando el primero por 5 a 0, para comenzar a las 14.30 horas el match amistoso con Provincial de Rosario. La formacion fue: Perez, Ansaldo y Berti; Dimari, Zaccheo y Santangelo; A. Felisari, Fraga, Bernia, Balmaceda y Sinigaglia. Gano Platense 1 a 0, con gol de Sinigaglia a los 26 minutos del segundo tiempo. El match fue dirigido por Juan Barbera, que habia renunciado para actuar como -arbitro oficial a raliz de la agresion sufrida en Avellaneda en el partido Racing - Sportivo Barracas.

1912

El equipo de 1917, que vencio por 1 a 0  con gol de Sinigaglia a Provicial de Rosario el dia de la inauguracion de Manuela Pedraza y Cramer.
Santangelo, Ansaldo, Zacheo, Perez Y Berti. Hincados: Bernia, Fraga, Balmaseda, Felisari, Dimare y Sinigaglia.

La fiesta tuvo la para entonces insolita presencia de publico femenino y "La Nacion" dice que "la nueva cancha reune las condiciones requeridas por el grado de adelanto y organizacion de los equipos del Club. Amplia y bien nivelada cancha. Comodas dependencias, con varias secciones de baños. Dos canchas de paleta, quedando terreno disponible".

El primer partido de campeonato en el nuevo escenario se juega el 22 de julio con Porteño, terminando 0-0 (otra premonicion: el primer partido en Vicente Lopez se jugaria exactamente 62 años despues: el 22 de julio de 1979; concluyendo con el mismo resultado). De allí en mas la campana fue mejorando levemente para llegar a un escaso decimoquinto puesto sobre 21 participantes, en torneo que-diríamos por supuesto-gano Racing.

tribuna_1917

Tribuna oficial inaugurada en 1927.

El creciente aumento del número de espectadores, hizo disponer por parte de la Liga la obligatoriedad de contar con un mínimo de 12.000 metros lineales de escalones. Así se construyeron tres tribunas de hierro con ese metraje; la boletería de material de ochenta metros; otra para socios; edificio de material para vestuarios de jugadores, referees, etc; 110 metros de plateas y otras mejoras, en un verdadero esfuerzo de orden financiero. Para ello resultaron muy útiles los pesos obtenidos por las transferencias de Santamaría a River y de Sánchez a Boca Juniors. en $ 15.000 cada una; cifra de magnitud si tenemos en cuenta que River paga ese año $ 35.000 a Tigre, en importe record, por una figura que por su sola atracción es probable haya marcado un hito divisorio en la historia de nuestro fútbol.

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Manuela Pedraza y Cramer, con su ampliacion de tribunas en 1932.

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El mitico velodromo inaugurado el 1 de Febrero de 1941 por iniciativa de Alfredo Bagliardelli
Testigo de la hazaña cuando nuestro querido Armando Poggi derrota al italiano Bruno Loatti en 1945 y de numeroso logros deportivos. Un orgullo.

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 Partido con Boca Juniors en la decada del 40, con el fondo de la tribuna oficial.

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Platense vs Boca Juniors en 1954, el partido de mayor venta de entradas en Manuela Pedraza y Cramer, con 25.450 espectadores.
Los que no se resignaban a quedarse sin ver al calamar practican acrobacia.

En 1965, Platense asciende a primera, se invierte la orientacion del estadio para aumentar la capacidad
y se levanta el velodromo cuyas tribunas hoy tiene San Telmo.

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El estadio en 1965, cuando se modifico la ubicacion de las tribunas y los arcos.

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El sector de Plateas y populares del viejo y querido estadio de Pedraza y Cramer.

En 1971 se pierde el tradicional Manuela Pedraza y Crámer, refugio tradicional desde 1917.
Al respecto debemos dividir el relato en dos partes: la anecdótica y la jurídica.

La primera es inalcanzable desde el ángulo de la veracidad. Digamos simplemente que la familia Dellacasse (San Jorge SCA) —muerto Carlos— sugirió a Santiago el trueque de una parte de la tierra (donde funcionaba el velódromo) por un nuevo contrato de alquiler y que éste pidió en recompensa una suma considerada excesiva que hizo iniciar a aquellos un juicio por actualización de alquileres y posterior desalojo, considerando a Platense inquilino pudiente por sus tierras en Vicente López. Y que también Santiago no habría asistido a las audiencias de conciliación dando a los tenedores el predio (dijimos tenedores y no propietarios) mayor fuerza legal.

En lo jurídico lo cierto es que en agosto el señor juez interviniente dictaminó que no correspondía el desalojo pero actualizó el alquiler en una suma de imposible cumplimiento. ($ 25.000 mensuales). El desalojo definitivo es decretado entonces para el 7 de diciembre. De aquí en más pueden agregarse conjeturas varias, datos que aportamos de las Memorias del Club o juicios sobre cómo debieron proceder o no (y si estuvo a su alcance) los distintos directivos que tuvo el Club.

A fines de 1979 nos llega una noticia que agregaría un elemento más - y fundamental- al suceso: la familia Delcasse no habría podido probar la posesión treintañal de la fracción, que pasó a pertenecer al Estado, donde se erigirán ahora viviendas y establecimientos escolares.

Lo cierto es que se perdió Manuela Pedraza y con los antecedentes de los sucedidos comentados y lo que la administración posterior recibió de herencia no cabe menos que calificar como de negligentes e irresponsables a quienes condujeron al Club en este período.

Años después el señor Santiago es expulsado como socio. Pero ahora ya sentados sobre NUESTRO cemento de Vicente López digamos las últimas palabras de aquella cancha que llevaremos por siempre en nuestros recuerdos con la constitución del equipo que jugó allí su último partido.

Fue el 26 de setiembre de 1971 y al igual que en su lejana inauguración se enfrentó a un club rosarino, Newell's Oíd Boys (entonces Provincial). Caffaro, Piris y Troncone; Gatti, Morelli y Chagas; Mustafá (luego Ramos), Galuzzo (reemplazado por Scarpeccio), Cabral, Cierra y Ulrich. Se ganó 2 a 0 con goles en el segundo tiempo de Cabral a los 3 minutos y Scarpeccio a los 44. El 24 de octubre es elegido presidente el Dr. Carlos Marino, que asume el 4 de noviembre.

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Una postal en dos imagenes de la tristeza y la angustia. Las ruinas y las tribunas desmanteladas de un glorioso
estadio testigo de partidos inolvidables para el hincha calamar.

En M. Pedraza y Cramer se jugaron 847 partidos, se ganaron 419, se empataron 231 y se perdieron 197 hasta el dia 26 de setiembre de 1971 en que se jugó el ultimo encuentro. El maximo golador fue Vicente Sayago con 43 goles.

Mientras tanto Atlanta nos arrienda su cancha y pasamos a participar de un certamen de la B bien distinto al del período 1956-64, fundamentalmente por la menor jerarquía de los participantes. Platense se quedo sin cancha durante 8 años, muchos socios desviaban su auto al llegar a Pedraza y Cramer por la angustia que no los dejaba seguir. En 1974 comienzan los trabajos en Vicente Lopez del nuevo estadio de Platense.

Actualmente en M. Pedraza y Cramer se encuentra un polideportivo, un colegio y una plaza.

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Tambien podemos encontrar Carteles conmemorativos informando de distintos hechos y datos significativos de Platense
y su antigua cancha en el viejo Predio de Manuela Pedraza y Cramer.

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Manuela Pedraza y Crámer

*En la época evocada, Buenos Aires contaba con un trío mayor de poetas: Manzi, Discépolo y Cátulo Castillo. El autor -Héctor Negro- conforma, junto a Eladia Blázquez y Horacio Ferrer, el relevante tríptico poético de nuestros días. por Héctor Negro*

"Manuela Pedraza y Crámer fue el primer templo tumultuoso y dominguero, al que asistí en pos de la ritual ceremonia largamente imaginada. El primer hervidero impregnado de leyenda, que me tuvo por ávido testigo abismado de asombro.
El descubrimiento del primer territorio de un mundo maravilloso y disperso, congregado al unísono sobre muchos rectángulos con pretensión de verde, pleno de incitantes promesas, imprevistas y presentidas a la vez. Fue la primera ruta -Crámer derecho- desde mi barrio rebosante de frondas, cercos y jardines (allí donde la frontera de Belgrano y Colegiales se confundía entre rosales y malvones, ligustros prolijamente podados, campanillas ariscas y parrales que entoldaban agrietados patios), hacia el hallazgo de un fervor predestinado.
Belgrano y Colegiales, tocándose en la geografía de un límite impreciso, así como era de imprecisa la adhesión a un River Píate, casi recién llegado (con lujo y prestigio) a los deslindes del barrio, con otras no menos importantes que suscitaba el viejo "calamar", tradicionalmente dueño del escenario cercano que recogía una historia más copiosa y memorable. Y los últimos hinchas de un Colegiales otrora glorioso, que ya comenzaba a ser recuerdo, a irse, no sólo del barrio sino también de los fervores, repartidos a regañadientes entre las dos camisetas que a veces flameaban en algunos altillos, "de vuelta" de un fútbol recordado como de épocas mejores (porque entonces ellos eran jóvenes).
Y porque se podía ir "de a pie" —Cramer derecho—, aunque fueran largas cuadras, pero al fin sombreadas y sin vueltas, nuestros primeros vuelos de pibes eligieron Platense. Porque además allí, apretados contra el alambrado, podíamos ver casi de al lado, a las glorias de aquel fútbol. Casi como tocándolos. Y conversar con ellos, verles la camiseta transpirada, la marca "propia" de la "patada" reciente y discutida en los tablones. Y después, esperarlos a la salida, allí por Crámer, en el portón que daba casi atrás del otro arco, donde recuerdo chapas, ladrillos, algún yuyo derramado... cuadra de barrio con serenidad de siesta, y el referí con la valijita, y las palmadas a los cracks, y hasta la posibilidad de ir caminando al lado de ellos algunas cuadras —Crámer abajo-para verlos un "cachito" más, de cerca y como eran.
Cómo olvidarme entonces de las atajadas de Julio Cozzi (digan lo que digan, para mí el más grande arquero que vi en mi vida), de los cabezazos del "Negro" Gallina, del "Gallego" Iglesias, de aquella famosa delantera (¿a ver si recuerdo?) Belén, Cantelli, Frutos, Dorado y Torielli, o de aquella otra un poco más adelante: Vernazza, Báez, Geronis, Rodríguez y Sayago...
Cómo no tener presente el cielo dilatado, aquel de Núñez y Saavedra, más vasto üún por la chatura de las casitas del barrio, visto desde los altos tablones, desde donde se apreciaba cercano y desolado, el resquebrajado Velódromo, como desdeñado en las tardes futboleras. Cómo no sentir casi sin querer, las avalanchas detrás de los arcos, en las tardes en que llegaban los "grandes" y dejar de recordar ese domingo (uno por año) en que me iba a la tribuna "visitante'*, porque jugaba el club de mis desvelos, Independiente, y con sus rojas banderas traía la magia de Arsenio Erico (allí lo vi), las diabluras de "Capote" De la Mata o de "Sastrín" (el chico), las hamacadas del morocho Leguiza-món... Cómo olvidarme de la tarde del debut en Primera de Ernesto Grillo, allí en esa cancha: medias caídas, melena enrulada, desgreñado, purrete desenfadado e irrespetuoso, pisador empedernido, crack desde allí, con pinta de muchacho reo y "lengue" blanco a la salida, cuando salió por el portón de Crámer, despertando curiosidad porque no sé qué cosa nos decía que iba a ser un grande del fútbol...
Manuela Pedraza y Crámer... Primero la dieron vuelta a la cancha, para agrandar las tribunas, creo que cuando derrumbaron el Velódromo. Después, otra etapa y el adiós definitivo, el chau inapelable, las manzanas muertas, mudas, sin rumores ni tablones, tan sólo con los ecos cercanos, los estallidos de gol todavía resonando, las barras bullangueras y belicosas llegando desde todos los barrios, domingo por medio, como un recuerdo esfumado, alejándose cada vez más, como el puerto de un adiós, borroso, inexistente...
Y el viejo "calamar", al grito de "Dale marrón", peleando descensos, mojándole la oreja a los grandes (como siempre), bajando, volviendo, salvándose milagrosamente, tal vez porque también, en última instancia, hice mi "cachito" grande de fuerza para que se quedara en Primera. Aunque no fuera ya en Manuela Pedraza y Crámer... Total, si yo tampoco estaba ya entre Belgrano y Colegiales para tomar Crámer derecho y disfrutar del fútbol aquel, junto al alambrado. Pero, por algo de eso que queda en un escondrijo del corazón, por algún impronunciable agradecimiento por tantos domingos felices e irrepetibles, por seguir viendo (de vez en cuando aunque fuese) una bandera del "marrón" recién salvado del descenso, flameando en un balcón del barrio que fue cercanamente mío alguna vez, y otra (cuando más tarde viví en Saavedra); por eso que es un desvanecido pero hermoso jirón de un fútbol esplendoroso (que también intentamos desde los protreros de entonces); por todo eso: cómo no cantarle a esa esquina inolvidable de Manuela Pedraza y Crámer, la que ya no es. Cómo no tratar de retornarla, vana pero obstinadamente, al territorio de las cosas que aun palpitan, si también forma parte de nuestra propia historia, que allí comenzó a descubrir un mundo maravilloso, que siempre vuelve a inaugurar, domingo a domingo —afortunadamente— aquel ritual que allí aprendí a compartir y a vivir intensamente".